jueves, 8 de julio de 2021

¿Una boda hippie?

 

N.U.L. (16)

Celso y Encarni, a punto de casarse y profundamente enamorados, y como en todas las parejas, siempre uno más que otro, decidieron hacer una boda ibicenca.

Es lo que se lleva ahora. —dijeron ambos a sus respectivas familias, cada uno por separado.

La familia de Celso, una familia de bien y de una gran posición económica y de mejor consideración social puso el grito en el cielo.

—Mi hijo no es un cualquiera. —gritaba ante su hijo—. Siempre has tenido lo mejor, lo hayas pedido o no; y ahora no va a ser menos».

La familia de la novia, tampoco vio con buenos ojos semejante disparate.

Aunque seamos de familia humilde, por ahí no pasamos. Esa gente es muy rara. ¡Hay que ver, con lo que te quería el hijo de Manolo, el del bar!

Cuando se reunieron ambas familias por primera vez para hacer las presentaciones y acordar los pormenores de la boda, los principales personajes del enlace se convirtieron en personajes secundarios; ambas familias tenían que dejar clara su postura y no ceder ante la otra familia en nada, daba igual lo que fuera.

Los consuegros se reunieron a parte; hay cosas de hombres que no les incumbe a las mujeres.

¿Fuma usted don…?

Miguel Ángel. Me llamo Miguel Ángel. Alguna vez.

¡Tome! ¡Un Montecristo nº4!

Las consuegras, por otro lado, también tenían que hablar de cosas de mujeres que…, como cabía esperar, tampoco les incumbe a los hombres, dijo Piluca, la madre del doncel.

Encarni madre desde la distancia clavaba los ojos a ‘su niño’ porque estas cosas no se le hacen a una madre.

¿A quién se le ocurre querer casarse con una donnadie ‘sin clase’, gusto ni estilo? pensaba la doliente madre de su futura nuera. También lo pensaba de la que iba a ser su nueva familia política, pero ya se sabe: este tipo de mujeres piensan mucho y mucho rato; y como los pistoleros de las películas del oeste, guardaba una bala en la recámara.

Encarni, yo soy una mujer que está muy bien considerada en mi sociedad. Quiero decir que para la boda de mi hijo no puede haber medias tintas; quiero lo mejor de lo mejor. ¡Ah!, y…, ¡cueste lo que cueste! Me entiende, ¿verdad? Quiero que todos mis invitados, los mil novecientos ochenta y cinco, queden completamente satisfechos y encantados con todos los detalles de la boda. No puedo consentir que nada ni nadie arruine ‘mi boda’. Me imagino que usted también quiere lo mismo para sus quince invitados, ¿no es así?

         CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

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