N.U.L. (18)
Marianito,
un chaval tímido e introvertido durante toda la vida y un poco corto de
entendederas, a la edad de dieciocho años quiso cultivar el cuerpo. No sabía
que se podía cultivsr también la mente; nadie se lo dijo. Pensó que con un
cuerpo culturista las chicas caerían rendidas a sus pies, ya que su timidez le
había impedido tener antes novia. El pobre hombre se machacaba a diario durante
tres horas que si curl de bíceps mancuernas, que si press militar bar,
que si cruch abdominal, que si hip thrust en máquina de femoral y
un largo etcétera que al pronunciarlo parece que escucháramos a una persona
vomitar.
Sebas, el monitor del gimnasio le dijo que se lo estaba
currando y que si seguía así en dos o tres años estaría casi como él, que era
la misma imagen de un Adonis. Mariano no estaba por la labor de tener que
esperar tanto tiempo y le mencionó a Sebas que había oído hablar de algunos
productos, que si proteína de suero, que si aminoácidos instantáneos, que si
creatina, que si carbohidratos. Sebas le pidió que hablara en voz baja y le
condujo a la trastienda donde guardaba diferente tipo de sustancias prohibidas,
a cuál más nombre rimbombante y precio más desorbitado, pero ¡claro!, como le
dijo Sebas «con esto en vez de tres años, en tres meses ya ves resultados».
Dicho y hecho, Marianito que tuvo que pedir un crédito para los gastos que le
estaba ocasionando el ‘esfuerzo’, se volvió medio loco con su objetivo de
conseguir un cuerpo diez; y para ello, no solo, no dejaba de asistir al
gimnasio a castigar el cuerpo, también se castigaba con grandes ingestas de
diferentes potingues, compuestos y pastillas.
Aunque el tiempo se le hizo largo, todo llega; y pasaron los
tres meses que Sebas le había profetizado. Mirándose en uno de los espejos del 'gym' y ante las palabras de alabanza del listillo monitor se vio guapo. Esa
imagen y esas palabras le hicieron cambiar, era otro hombre: un super hombre.
Cuando salió a la calle creía que todo el mundo lo miraba.
—Ante una belleza así no se pueden cerrar los ojos. —pensó el
nuevo Adonis y con una decisión inusitada en él, se desnudó en plena calle de
la camiseta y se dirigió a una hermosa joven que esperaba en el semáforo a su
lado.
—¡Hola, guapa! ¿Qué haces esta noche?
—Me lavaré los ojos con jabón de ‘Lagarto’. ¡Qué asco de
músculos, tío!
CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

No hay comentarios:
Publicar un comentario