viernes, 9 de julio de 2021

Músculos atrofiados

N.U.L. (18)

Marianito, un chaval tímido e introvertido durante toda la vida y un poco corto de entendederas, a la edad de dieciocho años quiso cultivar el cuerpo. No sabía que se podía cultivsr también la mente; nadie se lo dijo. Pensó que con un cuerpo culturista las chicas caerían rendidas a sus pies, ya que su timidez le había impedido tener antes novia. El pobre hombre se machacaba a diario durante tres horas que si curl de bíceps mancuernas, que si press militar bar, que si cruch abdominal, que si hip thrust en máquina de femoral y un largo etcétera que al pronunciarlo parece que escucháramos a una persona vomitar.

Sebas, el monitor del gimnasio le dijo que se lo estaba currando y que si seguía así en dos o tres años estaría casi como él, que era la misma imagen de un Adonis. Mariano no estaba por la labor de tener que esperar tanto tiempo y le mencionó a Sebas que había oído hablar de algunos productos, que si proteína de suero, que si aminoácidos instantáneos, que si creatina, que si carbohidratos. Sebas le pidió que hablara en voz baja y le condujo a la trastienda donde guardaba diferente tipo de sustancias prohibidas, a cuál más nombre rimbombante y precio más desorbitado, pero ¡claro!, como le dijo Sebas «con esto en vez de tres años, en tres meses ya ves resultados». Dicho y hecho, Marianito que tuvo que pedir un crédito para los gastos que le estaba ocasionando el ‘esfuerzo’, se volvió medio loco con su objetivo de conseguir un cuerpo diez; y para ello, no solo, no dejaba de asistir al gimnasio a castigar el cuerpo, también se castigaba con grandes ingestas de diferentes potingues, compuestos y pastillas.

Aunque el tiempo se le hizo largo, todo llega; y pasaron los tres meses que Sebas le había profetizado. Mirándose en uno de los espejos del 'gym' y ante las palabras de alabanza del listillo monitor se vio guapo. Esa imagen y esas palabras le hicieron cambiar, era otro hombre: un super hombre.

Cuando salió a la calle creía que todo el mundo lo miraba.

—Ante una belleza así no se pueden cerrar los ojos. —pensó el nuevo Adonis y con una decisión inusitada en él, se desnudó en plena calle de la camiseta y se dirigió a una hermosa joven que esperaba en el semáforo a su lado.

—¡Hola, guapa! ¿Qué haces esta noche?

—Me lavaré los ojos con jabón de ‘Lagarto’. ¡Qué asco de músculos, tío!


CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

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