N.U.L. (12)
Probablemente el lector no sepa que las misiones espaciales a la Luna, Apollo, no se dieron en el orden cronológico que nos hace suponer su numeración. Así pues, se podría llegar a interpretar que antes de la celebérrima misión Apolo XI hubo diez anteriores. Pues no es así; en el verdadero orden cronológico fue la sexta. Y la séptima, fue bautizada con el nombre de Apolo XV. Los tripulantes de la misma fueron los astronautas David Scott, James B. Irwin y Woody Almod. A modo de anécdota, decir que en esta misión fue la primera en la que se condujo el «rover lunar» y el encargado de hacerlo fue Míster Almond, el único de los tres que no era militar.
La
misión fue un éxito y las ganas de los cosmonautas por reencontrase con sus
familias se toparon, como era costumbre, con la acostumbrada cuarentena que
debían guardar para evitar traer cualquier tipo de virus procedente del
espacio. Según la misión, el confinamiento abarcaba de dos a cinco semanas. Las
familias no sabían nunca cuando podrían reencontrarse con sus valientes hombres,
cabezas de familia.
El uno
de septiembre de mil novecientos setenta y uno, a las siete horas y treinta y
dos minutos a.m. se personó el joven astronauta en su hogar para descubrir a su,
también, joven esposa en la cama con otro hombre. Muy disgustada la mujer por
las formas con las que su marido había llegada a casa —sin avisar— encendió un
cigarrillo ante la expresión de asombro del mismo y la incapacidad de este para
articular palabra alguna. Tras una primera calada de humo, la señora Almond
dijo:

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