lunes, 5 de julio de 2021

El presentador de moda

N.U.L. (13)

Álex Díez siempre fue un tipo avispado. Ya desde chaval despuntaba: vendía los paquetes de clínex a un euro cuando tan solo le costaban cinco céntimos. Así pudo costearse sus gastos sin tener que esperar a la paga semanal que puntual recibía cada sábado. Se podría decir que Alejandro fue un tipo precoz desde la cuna: con solo nueve meses se saltaba la cuna salvando la barrera que le protegía, con ocho meses era capaz de gatear a una velocidad de record y mantenerse de pie, aprendió a leer con cuatro años, a tocar el piano con cinco, consiguió acortar su estancia en primaria y en secundaria agracias a su sobredotación intelectual, ingresó en la Universidad con quince años y terminó la carrera con dieciocho, a los diecinueve aprobó una oposición, fue plusmarquista nacional de los cien metros lisos, probó suerte como piloto de rallies y ganó diferentes carreras importantes, pero su vida estaba incompleta; sentía un vacío dentro de sí que no sabía explicar. Y fue viendo la televisión cuando creyó encontrar la respuesta a eso le que faltaba, a esa parte vacía que había en su interior: quedó hipnotizado por la presencia de ese presentador de moda (que solo duro dos veranos). Lo veía claro, muy claro: acababa de decidir ser presentador del telediario o de un magazine de televisión, aunque tuviera que dejar su asentada plaza de funcionario, no importaba; hay que perseguir los sueños, dicen algunos eslóganes que cuelgan de las tiendas de moda y souvenirs.

Tras tres años de estudio vertiginoso, se licenció en ‘Ciencias de la Información’. Dos años más tarde ya presentaba algún que otro espacio dentro programas que eran como ‘los ojos del Guadiana’, aparecían y desaparecían de la parrilla televisiva en un santiamén. El programa desapareció y se olvidó el público de él muy rápidamente. De lo que no se olvidaron fue de su presencia ante las cámaras; era un animal televisivo que ‘daba muy bien en pantalla’. Los directivos de la cadena no pasaron desapercibida la brillantez del joven ante los medios y, en una decisión más que polémica, hicieron que debutara en el telediario de las nueve de la noche, apartando a un carismático y legendario presentador de toda la vida. Los espectadores tomaron a bien esta decisión directiva y fue muy aplaudida por los seguidores del telediario.

Con lo que no contaba la cadena era con la nevada de tamaño catastrófico denominada Philomena. La decisión de los jefes fue conectar con los respectivos presentadores desde casa para poder hacer, en la medida de lo posible, viable la continuidad de la programación televisiva. Uno de los que se ofreció de inmediato fue Álex. No solo tendría que presentar, como había venido haciendo en los últimos cuatro meses, el telediario, sino que además tenía que hacerse cargo de conducir un magazine matinal.

La celeridad y rapidez con la que el joven lo hacía todo, no pasaron desapercibidas para los espectadores, compañeros y directivos de la cadena. Los twits, whatsapps y demás mensajes multimedia se convirtieron en virales: «¡Mira debajo de la mesa!», decían y reenviaban los remitentes. Fue la última vez que Alejandro presentó nada. No se puede presentar la televisión en pantalones cortos desde tu casa. ¡Qué escándalo!

CARLOS BUSTAMANTE BURGOS


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