N.U.L. (20)
Michel Leclerc, junto con Marie Curie,
es el único galardonado dos veces con el Premio Nobel. A diferencia de la
polaco-francesa, Michel fue galardonado en 2003 con el premio en las categorías
de Medicina y Química. Ambas categorías íntimamente relacionadas ya que el
investigador había descubierto una vacuna contra el Ébola, otra contra el Sars
Cov-1, una pastilla que frena el crecimiento descontrolado de las células que
provocan diferentes tipos de cáncer y un largo etc. A esto, añadir que el bueno de Michel probó
en su propio cuerpo las mencionadas vacunas haciendo de cobaya humana. Viajó a países que estaban en
riesgo por el Sars Cov-1 ofreciendo de su bolsillo más de tres millones de
vacunas y levantando hospitales en diferentes ciudades del África Negra.
Fue portadas de todos los diarios, de
todos los noticiarios de televisión y radio, copó durante semanas las cabeceras
de los medios electrónicos que se dan cita en internet, sin embargo, tan solo
concedió una entrevista y fue nada más recibir en Estocolmo ambos premios.
Michel Leclerc, casado con Dominique
De L’Herbe y con dos hijos adolescentes que pasaban de él (cosas propias de la
edad), acudió a la ceremonia sin la presencia de esta, ya que, aunque
emocionada por el evento, habiendo planificado su estancia en la capital nórdica
y habiéndose comprado un trapito de Haute Couture del modista Julien
Fournié —exasistente del idolatrado Gaultier—, tuvo el percance de romperse la
tibia practicando ski en una pista indoor de un centro comercial
parisino. Ella declinó la invitación ante su marido alegando: «No me apetece
para nada en el mundo ser el hazmerreír de la ceremonia. ¿Qué te has creído?, ¿que
este modelito se puede lucir como Dios manda en una silla de ruedas y con la
pierna en alto. ¡No! ¡Por ahí no paso!»
Al celebérrimo Leclerc le pareció bien la decisión de su mujer.
En Estocolmo, como es de rigor, el discurso del novelado francés estuvo
plagado de agradecimientos, anécdotas y guiños al jurado. Según pronunciaba su
discurso, pensaba en su adorada familia y en cómo esta estarían siguiendo sus
palabras por televisión.
Nada más terminar la ceremonia, Michel compareció ante la prensa para
dar las típicas respuestas que se repiten incesantemente entre los galardonados
de todos los años. Nada nuevo que destacar de esa entrevista improvisada. Entrevista,
cuya declaración se fundía con la multitud de whatsapp que seguramente
recibía en señal de felicitación. Un par de mensajes de la familia: sus hijos
le pedían que informase cuando aterrizase en Paris. Obviamente, la familia le tenía
que esperar para hacerle un recibimiento a su altura. Pocas familias pueden
sentirse orgullosas de tener un Nobel entre sus miembros. Su mujer, Dominique,
a eso de media hora antes de llegar a su domicilio, le volvió a poner un nuevo
whatsapp en el que le ‘ordenaba’ que le dijese el momento exacto de su llegada.
Michel, entonces no tuvo dudas, pero en vez de ir directo a casa, se paró a
comprar unas botellas de Champgne Dom Perignon. «Un día es un día.» —pensó; y también
porque es el favorito de su mujer.
Cuando entró por la puerta, no había nadie. «Se han escondido para darme
una sorpresa. Me haré el tonto, como si no supiera que han organizado una
fiesta.» —trataba de adivinar.
Un nuevo mensaje de uno de sus hijos adolescentes le recordaba que debía informar a su mujer de su llegada. «¡Qué jodíos!, van a guardar la sorpresa hasta el final».
Creyó ver un movimiento tras una puerta. Fue corriendo;
y efectivamente, se trataba de su amada esposa quien le recibió con los brazos
en jarra.
—¡Cariño! —dijo él.
—¡Ni cariño, ni leches! —Le escopetó ella—. ¡Eres la persona más egoísta del mundo!, Ni una sola mención a tu mujer, ni una palabra de recuerdo para mí, que me tuve que quedar en casa impedida, ni mostrar una foto de tu amada en público ni a las cámaras, ni un gesto cómplice que luego dijeras a los reporteros que iba dirigido a mí.

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