sábado, 17 de julio de 2021

Novio por internet

N.U.L (30)

      Agustinita, enfermera y testigo de Jehová, rondaba los cuarenta años cuando se decidió a buscar novio por internet. Ella nunca tuvo pareja ni compañero ni amigo especial. Su defecto... -llegado este momento, no piense el lector que era físico ni que tuviera una tara- su defecto era, para muchos hombres, tener un halo invisible que repelía cual imán cuando se junta con otro polo igual.

      Navegando por internet, como si de Ulises se tratara se enfrentó a numerosos avatares hasta que por fin encontró al amor de su vida, conoció a un joven cordobés que era un muy buen partido para ella.

      La noticia corrió como la pólvora. De ello se encargó la propia Agustina y su mamá. La madre solo tuvo una hija (Agustinita) y perdió el rastro al padre, porque al igual que su hija tenía un halo anti hombres que hizo que este desapareciera, una tarde de verano cuando aún faltaban seis meses para el alumbramiento. La santa madre, también Agustina de nombre, informó a todas las vecinas y a algunas por duplicado ya que Agustinita se había encargado con anterioridad de hacer lo propio, pero solo con aquellas que mejor la caían. La señora Marina, una viuda sin hijos, que la trataba con un gran afecto, tal vez debido a que en está podía ver la hija que nunca tuvo, se alegró como cuando aprobó las oposiciones a secretaría judicial.

      Agustina le informó con pelos y señales de cómo era su pretendiente, de cuál era su profesión, de cuántos hermanos tenía, de su edad y un largo etcétera que durante las numerosas sesiones de chat o videoconferencia pudo llegar a conocer de él.

      Él le dijo que quería verla en persona, que no aguantaba más esa situación y que en cuanto pudiera iría a visitarla si a ella le parecía bien. Por hache o por be, la cuestión es que fue ella quién iba a iniciar esa innumerable lista de visitas que se tendrían que hacer ambos.

      Agustinita, otro día, informó a su querida señora Marina que había reunido cinco días en su trabajo haciendo guardias y cambiando turnos en el hospital. Y que ese era el motivo por ella había decidido ser la primera en ir a ver a su 'Romeo', ya que este no podía hacer eso en su trabajo.

      Dos semanas más tarde, Agustina reunió las fuerzas suficientes para comunicar a su estimada señora Marina que la relación había fracasado nada más empezar, porque su cordobés no era lo que parecía.

    ¿Qué te mintió con la foto y resultó que era más feo? Eso lo hace todo el mundo, ¡mi niña! preguntó la atenta vecina.
      No, señora Marina. Si ya nos habíamos visto por internet.
      Pero, era feo, ¿no?
      ¡Ojalá!, lo hubiera sido.
      Entonces, ¿qué malo tenía el mozo?
      Los huevos, señora Marina, los huevos, que los tenía muy gordos. Pues no me dice el imbécil que no pensaba hacer quinientos kilómetros para venir a verme, que tenía que ir yo.

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